¿Qué es Periodismo Cultural?
¿Qué implica el concepto de Cultura? ¿Se debe hablar de cultura o de culturas?
¿Qué es, en realidad, la cultura?
¿Quiénes son sus protagonistas?
¿Quiénes sus oficiantes?
¿Cuáles son las personalidades culturales?
¿Existe una manera correcta, exitosa o adecuada de abordarlas o entrevistarlas?
¿Cuáles medios de comunicación hacen periodismo cultural?
¿Cuáles son hoy los cambios que experimenta el Periodismo. Cultural de cara a las nuevas tecnologías de la información?
II Quienes hacen Cultura?
Para determinar quienes hacen cultura, lo primero saber es qué concepto tenemos de la cultura. Veamos algunos criterios que tienen ustedes.
Para el Diccionario de la Real Academia, Cultura es . “Conjunto de modos de vida y costumbres, conocimientos y grado de desarrollo artístico, científico, industrial, en una época, grupo social, etc.(Diccionario RAE, 2009).
Para nosotros, cultura, es toda actividad, actitud, tradición, acción o proyecto generado, desarrollado o protagonizado por seres humanos. (J. R. Sosa).
Consecuentemente no es dable hablar de “cultura” en función de la creación artística o literaria de una persona o grupo de personas, ya que resulta excluyente.
No se puede hablar de una cultura, ni confundir el término con civilización. En todo caso se puede referir el termino “culturas” atendiendo a sus características y condiciones y no a la superioridad de una expresión humana sobre otra.
La historiografía tradicional ha promovido el concepto de cultura en sustitución de aquella visión vinculada a los valores y condiciones que pueblos con mayor desarrollo económico y mayor potencial militar, ha impuesto a las comunidades sometidas por la vía de la conquista.
Por otro lado, también se ha pretendido reducir “lo culto” al concepto del disfrute del arte por parte de las capas económicamente superiores.
Etimología La palabra cultura proviene del latín ‘cultivo, crianza. En los orígenes de este término la palabra “cultura” en latín también podía significar “cultivo de la tierra” haciendo alusión a la agricultura, una actividad humana.
Cuando se habla metafóricamente “cultura” se intenta referir el cultivo del espíritu humano o quizá el conocimiento y las facultades intelectuales del individuo es el resultado de ese cultivo, cuando en realidad se esta refiriendo al concepto de talentos o capacidades individuales, que sumados al conjunto de sus contemporáneos, pueden conformar una cultura.
Por lo tanto es una aberración conceptual considerar que una persona “culta” es aquella persona que posee grandes conocimientos en las más variadas regiones del conocimiento. Eso puede ser sapiencia, enciclopedismo, academicismo o buena memoria, pero no exactamente cultura. La cultura somos todos. No se trata de un slogan institucional, sino de una verdad de puños, afortunadamente comprendida a tiempo. Todo el mundo hace cultura al desarrollarse como ser social, en vinculación a una historia, a unas tradiciones, al trabajo, a las emociones y a la creación. El limitar los protagonistas de la cultura los artistas y los intelectuales es una verdad parcial que resulta segregante y que excluye la diversidad y riqueza del concepto en poder de quienes, desde una humilde postura en el escalafón social, hacen de su existencia y su trabajo el patrimonio cultural de los pueblos.
Esto nos lleva al concepto del protagonista cultural, haciéndolo transitar por una ruta equivoca, si se valida el concepto tradicional de cultura.
Insistimos en que todas las personas son cultas, en la medida en que hacen cultura, a su modo, en sus condiciones, cada cual con su perspectiva. Cada quien hace, una parte de la historia y del presente de los pueblos, legado que, en forma sistematizada de civilización, quedará como legado y patrimonio a las próximas generaciones.
En contraposición se concibe la “personalidad cultural” como aquella persona con una destacada trayectoria en las letras, el cine, el teatro, la danza o cualquiera otra de las artes “nobles”, confundiendo este criterio con el de “luminaria”,
Hay quienes hablan del para rematar llamándoles “cultas”, a pesar de que lo culto, referido a la cultura, es antes que exclusivo e individual, resulta democrático, socializado y horizontal.
El concepto de lo culto, se suele oponer al de lo popular, en otra figura inusualmente irónica de nuestras realidades.
Cultura no es solo el Ministerio.
Se ha llegado a considerar, cuando se dice Cultura, que se habla de la institución rectora gubernamental en el plano de la Cultura, es decir, el Ministerio de Cultura. Lo cual tiene su historia: El 30 de noviembre de 1934 con la Ley 786, fue creada la Secretaría de Estado de Educación y Bellas Artes.
En 1965, mediante el Decreto No. 16 de fecha 4 de septiembre, le fueron transferidas a la Secretaría de Estado de Educación, las funciones relacionadas con Cultos, anteriormente adscritas a la Secretaría de Estado de Relaciones Exteriores, con lo cual asumió el nombre de Secretaría de Estado de Educación Bellas Artes y Cultos.
Con la promulgación de la Ley No. 66-97 de fecha 9 de abril de 1997, la Secretaría cambia nuevamente de nombre, adquiriendo el de Secretaría de Estado de Educación y Cultura.
Ese nombre fue cambiado por Secretaría de Estado de Educación con la aprobación y promulgación de la Ley 41-00 de fecha 28 de junio del año 2000, que crea la Secretaría de Estado de Cultura y que transfiere la función Cultural a esa cartera, previo a lo cual se creó como organismo de transferencia el Consejo Presidencial de Cultura.
Lo que produce como noticia el Ministerio de Cultura, es inabarcable. Es cuantitativamente superior a la capacidad de absorción de contenidos de los medios impresos o electrónicos.
III Periodismos Culturales
Así como hay modalidades de culturas, tampoco existe un periodismo cultural. Son muy variadas las formas que adopta el ejercicio del periodismo al momento de especializar su atención en los hechos, rituales, momentos y rituales de la Cultura.
Los editores culturales de los medios proceden de formaciones diversas, con intereses que afortunadamente entrecruzan la mayor parte de las veces. En buena parte de los casos, los Editores Culturales son periodistas de formación académica o de oficio, interesados en la difusión de actividades, para concretar un determinado ejercicio de difusión informativa de los hechos y las personas en materia cultural.
En otros casos, esos mismos periodistas ejercen la función de comentaristas, críticos o enjuiciadores del hecho cultural determinado, no siempre con el completo dominio de la técnica y mecánica del tema tratado, regularmente con buena intención, con actitud paternalista la mayor parte de las veces e invadiendo con elegancia o sin ellas, los salones de la crítica como especialidad. La participación de periodistas en el área de la crítica, en más de una oportunidad, ha provocado solapadas quejas de intrusismo profesional, sobre todo cuando los criterios expuestos no son del agrado de las y los creadores.
En esas oportunidades, los periodistas que escriben sobre activismo artístico o cultural, seremos ignorantes, intrusos y mal intencionados, lo que no va a ocurrir cuando elogiamos y coqueteamos con el ego tan singular de las y los intelectuales o artistas.
No dejan de tener razón, quienes desde la dimensión académica, reclaman mucho mejor formación a los periodistas de temas culturales para que sea mayor el dominio de los temas y mejor el criterio de evaluación.
Otras veces, los editores culturales son escritores, artistas o críticos especializados, que hacen su aporte y que contribuyen poderosamente a formar criterio al público general. No en pocos casos, la disparidad de criterios entre críticos y oficiantes del hecho cultural como elemento mediático, difieren en sus criterios y se producen instructivas confrontaciones teóricas, de las cuales hay excelentes ejemplos.
De hecho, la percepción que tenemos en que en el país no hay editores culturales. Existimos periodistas que reportamos actividades artísticas del más variado tipo. Hay intelectuales con acceso a escribir ensayos críticos breves, (desde su óptica), mientras que la labor de educar al publico en las estructuras internas de las artes comentadas, es una tarea que pocos encaminamos adecuadamente, debido a la superficialidad en unos casos, a la rapidez y presión con las que se trabaja en la edición de los medios escritos, con una hora mortal de cierre editorial.
Los periodistas, más bien, somos difusores de las diferentes agendas culturales de instituciones públicas y privadas, del itinerario o los proyectos de los oficiantes de la creación literaria o artística en general.
La labor de editor cultural demanda una serie de condiciones y estudios que permita un dominio a fondo de los temas y características del mundo de la cultura. En ese sentido, la realización de estudios especializados, talleres y seminario como éste constituyen un valioso aporte que debe ser estimulada.
IV ¿Como abordar las personalidades culturales?
La relación de periodistas, instituciones culturales, gestores de cultura y “personalidades culturales” (categorías que son todas diferentes) tiene su secretos, sus referencias, sus dinámicas, sus recónditos nichos de entendimiento y diferentes, de confrontación y alianzas, de complicidades y ausencias.
Todos se necesitan mutuamente: el o la periodista para poder llevar contenidos actuales y valiosos a sus audiencias y las y los creadores de cultura para dar a conocer sus proyectos, sin embargo, esa relación no es siempre posible o armoniosa.
Tratar con un artista, gestor cultural o ejecutivo de una entidad cultural, comienza por un buen y respetuoso entendimiento mutuo. Se impone el establecimiento de un vinculo sobre una plataforma común, una especie de acuerdo no proclamado en la cual ambas partes puedan obtener los objetivos perseguidos.
Se debe tener claro que, para entrevistar o intercambiar con gestores culturales o creadores:
1. La relación debe ser franca.
2. Debe basarse en intereses comunes
3. Debe iniciarse sin posturas excluyentes, ni sentido restrictivo de egos.
4. El o la periodista tiene como misión informarse y formarse en el conocimiento necesario para entender el tema o proyecto.
5. Debe existir una formación básica general previa.
6. Debe existir una actitud de mutua colaboración.
7. El periodista debe tener la flexibilidad como para consultar su texto definitivo antes de publicar, lo cual no debe ser considerado como censura previa o actitud complaciente. Se trata de un enfoque multidisciplinario.
DGFC.-17/10/2010 CDP